Desde el aire también hay una ruta para enfrentar el covid-19

Bogotá, 13 de septiembre de 2020. Tienen alas, no salen de sus cuerpos,
pero saben dominar las de acero. Surcan los cielos colombianos llevando más
que la pasión por la que empezaron este trabajo. Durante la emergencia
sanitaria por covid-19 su misión ha sido diferente, una lucha contra un virus
desde el aire y llevando a los rincones del país elementos necesarios para
salvar vidas en tierra.
Las historias del mayor Otálora, de la capitán Cortés y del intendente Cárdenas
confluyen en el legendario DC3-TP del Área de Aviación Policial de la Policía
Nacional. Una aeronave con 80 años de historia y unas particularidades
técnicas que la convierten en ícono de la aviación nacional.
Wilson Orlando Otálora Cetina tiene 34 años de edad, de los cuales lleva nueve
como piloto de la institución. Casado con una odontóloga, con quien tiene una
hija de tres años, es actualmente piloto instructor del DC3.
Con once años en la Policía, Paula Cortés Torres es una ibaguereña de 34 años,
nacida en una familia con vocación de servicio. Su mamá es enfermera retirada
y su papá es médico veterinario. En sus planes estaba el Derecho, carrera que
estudió siete semestres. Sin embargo, su corazón condujo sus pies a la Escuela
General Santander y hoy se desempeña como copiloto del ‘abuelo de los aires’.
Mientras que el técnico de línea e instructor Freddy Andrés Cárdenas
Rodríguez, padre de una pequeña de 2 años, perteneció a la Policía Cívica
Juvenil en la estación de Fontibón. Sus metas eran claras: ser parte de la
Policía y volar. Cada vez que escuchaba un avión cerca de donde él se
encontraba salía corriendo, lo miraba y pedía un deseo. Ya tiene siete años
volando, de los catorce que lleva en la Policía.
Para ellos la pandemia del covid-19 los ha llevado a extremar medidas de
prevención ante el riesgo de contagio al que se exponen para ser parte de la
cadena de personas que salvan las vidas de miles en diferentes lugares de
Colombia. Esto sin importar lo apartado o de difícil acceso que sea el lugar,
como Taraira, un municipio al sur del departamento del Vaupés.
Es una labor que se hace anónima. Nosotros hacemos las cosas por vocación.
Saber que íbamos a llevar ventiladores a varias regiones del país, que iban a
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ser para una persona que lo necesitara, se sentía muy gratificante, afirmó el
intendente Cárdenas.
Para ellos todas las misiones son distintas, sin embargo, las circunstancias
actuales los conmueven aún más y motivan a trabajar incansablemente para
servir a sus conciudadanos y preservar la vida.
El mayor Otálora un día que debía llevar 30 ventiladores a Barranquilla cuando
esta ciudad atravesaba su momento más crítico. Hubo que organizarlos de
manera milimétrica, no es una carga cualquiera. Son elementos delicados que
debían ir de la manera más segura. Afortunadamente alcanzó el espacio para
las personas que iban a instalar y las máquinas, dijo.
Agregó que lo tiene como anécdota porque el servicio era muy urgente y nos
tocó operar de manera nocturna. De hecho, se hicieron varios viajes para
transportar suficientes ventiladores.
Mientras que la capitán Cortés atesora en su corazón una misión a Quibdó,
capital del Chocó. Llegar allá ese día fue un poco duro para mí. Se me aguó
el ojo porque cuando llegaron los enfermeros a recoger los ventiladores,
dijeron: por fin llegó una luz de esperanza, se nos está muriendo la gente.
Escucharlos decir eso, viniendo de una mamá enfermera, sé que fue una
esperanza de vida, recordó con nostalgia.
Veía a las enfermeras y se me reflejaba mi mamá. Yo decía: bueno, gracias
a Dios ella ya pudo tener su asignación de retiro, pero estas señoras todavía
están en esa lucha y en esa búsqueda constante de mejorarle la salud a los
colombianos. Ellas entregan, literalmente, su vida por salvar a los demás,
añadió.
Ventiladores, camillas, tapabocas, alcohol, guantes, medicamentos, insumos
médicos, elementos de protección, personal médico y alimentos se
convirtieron en las cargas constantes que estos tres valientes transportaban
con sumo cuidado y entrega en un pájaro de hierro de 17.727 libras de peso,
con capacidad para cuatro tripulantes y 35 pasajeros.
Entrenamientos
El miedo es una constante para todo el que sube a pilotear un avión, pero el
entrenamiento recibido los ayuda a manejarlo y tomar buenas decisiones. En
su caso, aumentaba un poco más por temor a contagiarse y convertirse en
foco de contagio para sus compañeros y familiares, por lo que los protocolos
de bioseguridad se intensificaron.
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Como es de esperarse, sus familias son lo más importante en sus vidas. Paula,
después de hacer la verificación externa del avión, antes de despegar,
acostumbra a llamarlos.
Siempre salimos estando bien con nuestras familias. Despedirse uno de la
persona con la que está viviendo: adiós, hasta luego, bendición, porque uno
sabe que sale, pero no sabe si va a volver; estar bien con ellos para que no
haya ningún remordimiento si llega a suceder algo. Le pido a Dios que me
proteja y que proteja a las personas que van conmigo en el vuelo, aseguró
Freddy, para quien su hija, su mamá y su hermano de 20 años con
discapacidad por una hipoxia fetal, dice, lo son todo.
Wilson, cuando estaba frente a los controles pensaba que al transportar estos
equipos, esto le iba a ayudar a salvar la vida a personas. Y uno dice: si yo lo
llegase a necesitar, porque no sabemos cómo va a reaccionar nuestro cuerpo
frente a este virus, voy a contar con estos equipos, o algunos de mis familiares,
voy a querer que ellos también cuenten con ellos para salvar su vida.
Coinciden en que toda esta temporada atípica por el coronavirus ha permitido
el fortalecimiento de los vínculos familiares a través de la tecnología. Además
de mover hacia la solidaridad a las personas aunque no se conozcan.
También concuerdan en que no hay que bajar la guardia, que los cuidados
deben extremarse, sobre todo en esta época para evitar rebrotes y volver a
disfrutar de las cosas simples de la vida a las que estábamos acostumbrados
antes de marzo, cuando el virus llegó a nuestro país.
Misiones covid-19
Después de alrededor de 30 misiones médicas en temporada covid-19, que
suman unas 150 horas de vuelo, se sienten felices de aportar su granito de
arena para disminuir los casos fatales y multiplicar los millones de luces de
esperanza.
Sigo llevando esperanza de vida para muchas personas que la tienen
restringida por muchas cosas, por cuestiones económicas, porque están
aislados o viven en lugares muy apartados del país, para que puedan llegar a
un centro hospitalario en una ciudad capital y allí encontrar todo el servicio de
salud que está dispuesto porque el Gobierno ha hecho ese esfuerzo tan grande
para que todos lo tengamos, señaló la capitán Paula Cortés Torres, la cuarta
mujer en 50 años de la Policía Nacional que pilotea un DC3.
El intendente Freddy Cárdenas Rodríguez afirmó que poder servir con lo que
hace para salvar vidas, llevar respiradores donde los necesitaban, con el
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poderoso DC3, como lo llama, ha sido muy gratificante. Poder ayudar, eso
es genial, afirmó.
Debemos aprovechar, vivir el día a día, disfrutar a nuestros seres queridos
con el poco tiempo que los tenemos. Uno viene a este mundo a apoyar, a
servir y por eso ingresé a la Policía Nacional, porque siento que soy una
persona de servicio, de ayudar. Con el conocimiento que tenemos de operar
una aeronave podemos llegar a prestar una ayuda a una persona, esto además
nos deja una enseñanza muy grande para nuestra vida tanto personal como
profesional, entregó como reflexión final el mayor Wilson Otálora Cetina.

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